Después de pasar la navidad de 2010 en New York City, este año tocaba quedarse en Europa, en una ciudad clásica como es Roma. Desde Santander, el viaje dura menos de dos horas al aeropuerto de Roma (Ciampino). El aeropuerto está situado a 15km al sureste de la ciudad y en los autobuses de línea se tardan 45 minutos en llegar a la estación de Termini.

Una vez en la ciudad, al principio la disposición de las calles del centro te hace sentirte perdido, sin una línea definida con callejuelas pequeñas y enrevesadas. Pero a las 24 horas de estar en la ciudad, todo te parece fácil, cómodo y rápido de alcanzar. Al alojarnos en un hotel céntrico, todo nos cae a mano para llegar andando. Roma es de esas ciudades en las que si te gusta andar, vas a disfrutar de lo lindo. Escoge un calzado cómodo, ropa ligera y podrás andar horas y horas sin darte cuenta de como pasa el tiempo.

Nuestro primer día completo coincidiría con nochebuena, 24 de diciembre, decidimos comenzar el día visitando la zona centro, la primera visita sería la Fontana de Trevi, era pronto, sobre las 10 de la mañana pero en la zona ya había una numerosa multitud y eso que el día amenazaba lluvia. Eran muchos los curiosos que querían hacerse fotos en la fontana y nosotros paramos, vimos y seguimos. Las primeras gotas de lluvia caían sobre nuestras cabezas. La siguiente parada sería en la zona del Rio Tévere a la altura de San Pedro del Vaticano. Callejeamos por el centro de la ciudad hasta llegar al margen este del rio donde contemplaríamos unas preciosas vistas del Oeste de Roma, la cúpula de la Capilla de San Pedro es de nota. Durante todo el caminar por Roma nos hemos dado cuenta de la cantidad de vendedores ambulantes que hay, sobre todo vendiendo artilugios para cámaras de fotos, típico de las ciudades puramente turísticas.

Pasamos casi toda la mañana en la Ciudad del Vaticano, impresiona la Plaza de San Pedro y sobre todo la cantidad de gente que hay siempre. Se nota que es una zona con dinero, los edificios delatan la riqueza de los que allí moran. Al terminar de cotillear el Vaticano, tocaba ir a ver las ruinas y el coliseo. Cogimos el petate y dirección sureste hasta llegar siguiendo el rio Tévere, hasta llegar a la zona de las ruinas, donde pararíamos en una estupenda pasticcería a tomar un cappuccino con un croissant.

Las ruinas de Roma, impresionan, los vestigios de la civilización que fue no dejan de sorprender a propios y extraños, que inmensidad y que cantidad de edificación que escondían bajo tierra.

El cielo seguía amenazando lluvia, ya nos había caído un buen chaparrón a la hora del café y no queríamos mojarnos nuevamente. La siguiente parada después de las Ruinas le correspondía al Coliseo Romano, una edificación impresionante.

Los que lo hayan visto en directo, coincidirán en que es impresionante, enorme y muy bonito arquitectónicamente hablando, aunque la realidad es que se ve y se conoce mejor por dentro, en los documentales de televisión.

Las colas que se forman para entrar a ver el interior del coliseo se cuentan por centenas de metros, conviene sacar la entrada previamente o comprar un bono para ahorrarse una buena parte de la espera.

Después de ver el Coliseo, tocaba descansar y comer, decidimos volver al centro para probar una pizzería típica italiana y en la zona de Trevi encontramos un lugar D’Archetto en el que había un horno que hacía unas pizzas y una pasta que quitaba el hipo. Comimos bien, copiosamente y con un trato muy familiar.

El agua hizo su acto de presencia y tuvimos que hacernos de un par de paraguas para poder continuar el paseo turístico que nos llevaría hasta la plaza de España y la plaza de las cuatro fuentes. El día tocaba a su fin y el descanso era obligado para recuperar fuerzas.

El segundo día, 25 de diciembre (Navidad) amanecía con mejor tiempo, sol radiante con ganas de darnos algo del calor que nos negó el día anterior. El plan de hoy era agresivo, subir dirección norte hasta la Porta Pía para seguir hasta el Parque Norte y atravesar todo Roma para comer en el Trastevere. Así lo hicimos, emprendimos ruta a eso de las 10 hasta la porta Pía que estaba bastante cerca, una plaza curiosa y diferente que nos dejaba entrever la Roma más elegante. Tuvimos la ocasión de visitar uno de los pulmones de la ciudad, el Parque Norte, una gran extensión de arbolado, parque, zonas verdes, lagos y fuentes que ofrecían una vista ecológica de Roma. Al ser domingo, navidad y festivo se podía observar como mucha gente hacía deporte por este bonito parque, el sol, tamizaba la luz bajo los árboles y daba una sensación de tranquilidad abrumadora.

El paseo por el parque nos dejaría justo en la Plaza del Popolo, un lugar de reunión para muchos y conocida también por ser protagonista de algunas películas rodadas en Roma. Continuamos dirección sur, pasando por la Plaza Navona donde galerías de artistas callerejos y una gran muchedumbre se encontraba en nuestro camino. El sol como se puede ver en la fotografía no estaba acompañado de nubes y el calor que hacía en la zona era de agradecer.

Nuestro camino nos llevaría de nuevo al Tévere, que nos guiaría hasta la entrada al barrio que está tras de sí, el Trastévere, una zona bohemia, muy bonita y acogedora con un gran encanto y unas callejuelas recortadas y arremangadas. Pudimos disfrutar de una buenísima comida en Casa Carlo, un restaurante enorme pero con un trato más que familiar. Después de disfrutar de unos buenos espaguettis y unos fantásticos macarrones continuamos ruta, esta vez regresaríamos a completar el Tour del Vaticano para dar la vuelta por los alrededores, que contrastan en cuanto a riqueza y belleza con el interior.

Eran casi las cinco de la tarde y tocaba el ritual del café para poder continuar, nos detuvimos un momento en San Pedro del Vaticano para tomar un fabuloso capuccinno y proseguir la marcha por el paseo de Julio Cesar hasta la Plaza del Popolo nuevamente. Volvíamos al principio, llevábamos caminados ya varios kilómetros y decidimos no parar… volveremos al Coliseo para hacer alguna foto nocturna del emblemático edificio.

Con esta turné acabó el segundo día, dejándonos en un restaurante irlandés para degustar una buena pizza italiana, cosas del destino.

Por último el lunes 26, decidimos tomarnos las cosas con algo más de tranquilidad, decidimos dejar las caminatas intensivas para recrearnos en aquellas zonas que más nos gustaron y volvimos a patear la zona del Coliseo, Trevi y el Trastévere, pero a un ritmo más lento.

Como era de esperar, el frenético ritmo de días anteriores nos pasó factura y la gripe hizo acto de presencia, dejándonos en cama 2 días seguidos en el hotel, aunque nos quedó la satisfacción de haber podido vistar Roma de norte a sur y de este a oeste.

Para resumir un poco este fugaz viaje, diré que Roma me ha sorprendido grata e ingratamente con varias cosas. Por ejemplo, es la ciudad que posiblemente menos espíritu navideño tenga de todas las que conozco, sin embargo es una ciudad pensada para el peatón y para el turista. La vida es cara pero si te mueves puedes encontrar chollos como en cualquier otro lugar del mundo. Su atractivo principal la historia y las edificaciones no defraudan, hay mucho contado en las toneladas de piedra que componen su estructura. Recomiendo visitar esta ciudad, pero seguramente en otra época gane más, por ejemplo, en Semana Santa y desde luego que no se me pasa por la cabeza visitarla en verano, pues posiblemente sea un cocedero. Sin duda, repetiré viaje para poder saborear de nuevo todo aquello que me ha gustado aunque supongo que todavía pasará algún tiempo hasta que pueda hacerlo.