Sábado 16 de Junio, se acerca la Quebrantahuesos 2012 y tocaba hacer una tirada larga para hacer algo de fondo. La ruta elegida para esta ocasión ofrecía la posibilidad de hacer un montón de kilómetros (142 para ser exactos) y cuatro puertos de montaña, tres de primera (Caracol, La Sía y Alisas) y uno de categoría especial (Lunada). En total el desnivel acumulado supera los 3.000 metros y era todo un reto hacerlo en solitario, pues los puertos de Lunada, La Sía y Alisas por Arredondo, no los conocía y mucho menos sus bajadas.

La mañana comenzaba gris, plomiza, estuve dudando en cambiar de ruta, pero un presentimiento me dijo que en los altos brillaría el sol, y no me equivocaría como se verá más adelante.

Los primeros 75 kilómetros serían de una subida sin parar, el primer tramo hasta Selaya (32km) es un continuo falso llano al 1% que te deja a 300m de altitud una vez lo has terminado y con algunas secciones rompepiernas, como es un trozo que tengo bien estudiado, elijo la opción de no forzar más de la cuenta, me quedo en el 70% y a tirar millas. Llegado a la base del Caracol, me detengo medio minuto a repostar agua, es posible que las fuentes escaseen y no conozco el recorrido en su totalidad así que prefiero no arriesgar y cargar siempre que pueda.

Comienzo la ascensión al Alto del Caracol, 11 kilómetros de subida con algunas curvas al 10-11% y unos tramos muy interesantes al 7-8%. Los dos primeros kilómetros, hasta la llegada a Bustantegua son los más pesados, mucho porcentaje y el asfalto se pegaba. No obstante, me encuentro bien, las sensaciones son buenas y aunque al comenzar a subir quité el plato grande, el ritmo es alegre. De la que subo me encuentro a otros ciclistas que hacían la ruta a la inversa. Llego a Campillo, que está a unos 4km de la cima y pienso “ya queda menos para superar el primer grande”. Me había quedado con la idea de que sería el más duro de todos, había estudiado el resto de altimetrías y a priori lo restante sería algo más tendido y con margen para apretarse un poco. Al coronar el puerto me detuve a abrigarme un poco, hacerme la foto de rigor y comer algo.

Después de un respiro de unos 5km daba comienzo la ascensión al segundo, al más grande de todos, a Lunada. 16km por delante de continua subida con un firme en muy mal estado que me hacía añorar mi querida doble suspensión. Comienzo a subir los primeros metros y me doy cuenta de que tengo el plato grande puesto, decido continuar un rato con el, ese rato fueron apenas 30 segundos. Tan pronto como se acabaron los piñones grandes el puerto empezaba a repuntar al 7% de pendiente y con tantos kilómetros por subir, me pareció un exceso innecesario fardar de plato grande en una carretera en la que iba casi en solitario. Al terminar el primer kilómetro encontraría el pueblo de La Concha, donde aprovecharía para cargar agua nuevamente (no habría más hasta las Machorras) y continuar el camino. El asfalto al encontrarse en tan mal estado, se hacía pesado, se pegaba más de la cuenta y para colmo, el sol atizaba con justicia. Pasaban los kilómetros, de vez en cuando una zona para recuperar al 3% y coger un poco de ritmo, aunque casi siempre con viento en contra que anulaba el efecto favorecedor del terreno. A mitad de la ascensión alcanzo a dos ciclistas que iban con unas bicis de montaña, “me dieron ganas de proponerles el cambio”. Nos saludamos, nos agasajamos con lo poco que queda ya y seguimos subiendo cada uno a su ritmo. Para el final lo más duro del puerto, una subida en zetas en los diferentes miradores (por ejemplo el de Covalruyo) que nos muestra una bonita vista. Y a escasos 2km el cartel que indicaba que acabábamos de coronar el puerto (portillo dicen, ja!). Misma operación que en el caso anterior, parada de 2 minutos para la foto, abrigarme un poco y comer una barrita.

Ahora tocaba una bajada rápida hacia la Provincia de Burgos, de unos 7 kilómetros, con un firme en regular estado y con el peligro de ser una cañada, donde me encontré con un rebaño de vacas que transitaban en sentido contrario. La llegada a Las Machorras fue visto y no visto. Encontré otra fuente que no desaproveché (ya sería la última carga de agua) y continué para ascender el siguiente puerto del día.

Comienzo la ascensión a La Sía, otro camino que me dispongo a descubrir. Nada más comenzar me encuentro a un ciclista pinchado que iba sin cámara, sin parches y sin bomba… ¡¡no puede ser!! Le estaban esperando en el pueblo, menos mal!. Los dos primeros kilómetros son bastante desagradecidos, el firme está todavía sin arreglar y algunas curvitas se las traen, pero sigo progresando. En este caso juego igualmente con el plato pequeño y los piñones del 23 al 26. Se hace cómoda la subida sin necesidad de meter todo el desarrollo (buena señal). El caso es que el puerto se me pasa muy rápido, 8 kilómetros que me dejarían en el límite entre la Provincia de Burgos y la de Cantabria, para volver de nuevo a la tierruca.

El siguiente punto de stop&go sería Arredondo, a 20 kilómetros de donde me encontraba con practicamente todo de bajada, salvo kilómetro y medio en el Collado del Asón. La niebla y los rebaños de ganado habían hecho acto de presencia, la prudencia tendría que ser máxima si no quería tener un disgusto, el firme era deslizante. Una bajada que en un día despejado debe de ser espectacular, la niebla apenas dejaba disfrutar del guardarrail.

Al llegar a Arredondo comienza a chispear ligeramente, viendo los nubarrones sobre la costa desde Asón decido parar en el primer bar para llamar a casa y que me den el parte. La previsión se confirmaba, llovía copiosamente y me encontraba a 40km de la llegada. Estuve tentado de pedir transporte y abortar la ruta pero no podía quedar sin coronar el último puerto, Alisas, 670 metros me separaban de terminar, así que, decidí echarme el chubasquero encima y tomar camino de vuelta como estaba previsto. A partir de este momento las fotos desaparecieron, con el agua la cámara se acatarró y decidió no funcionar más y mis dedos no estaban para arreglos en marcha. Subiendo el puerto alcanzo a algunos componentes de un club de mi localidad y conversamos unos segundos antes de distanciarnos. La subida se hace fácil, ligera, con tramos de no más del 7% aunque eso si, el viento y el frio empezaban a golpear de lo lindo.

Al llegar a la cima de Alisas pienso, “por fin”, saco un gel del bolsillo y me lo tomo, me permitirá recuperar un poco las piernas para los kilómetros finales después de la bajada. Al comenzar el descenso sabía que iba a ser el peor tramo del día y así fue, bajé no más rápido de lo que subí, llovía bastante fuerte, el agua de la calzada que era expulsado a modo de spray por la rueda delantera apenas me dejaba ver, las curvas en ocasiones impregnadas por aceite, gasoleos o tierra eran como una pista de patinaje y había que evitar a toda costa una caída que me dejara tocado para el día 23. Por momentos los brazos empezaron a dormirse, un hormigueo empezaba a recorrer los dedos que estaban clavados a la maneta del freno. ¡¡Estaba completamente empapado!! Los pies, manos y piernas frios aunque éstas seguían respondiendo. Deseaba llegar a La Cavada y poder tomar un tramo llano donde dar pedales y expulsar la humedad con calor corporal.

El tramo de La Cavada hasta llegar a casa por lo menos no llovía, aunque seguía mojándome con el agua del asfalto y peleando contra el viento del noroeste, sabía que me quedaban pocos kilómetros y desde Astillero pondría ritmo de enfriamiento (aunque el frío hoy estaba incorporado de serie).

Al final, 6 horas para completar una ruta que sin duda es de las mejores y más completas que he podido hacer, tanto por vistas como por dificultad y variedad del terreno.

Ver Datos de la Ruta (Garmin GPS)